sábado, 8 de septiembre de 2007

Especial Audrey Herpburn: homenajeando a un ángel

Damas y caballeros. El proyector se pone en marcha. La pantalla se ilumina. Una música celestial llega a nuestros oídos, se trata de Moon River. Vemos una calle, inconfundiblemente neoyorkina. Y un taxi que se acerca. Del taxi, sale una mujer con un elegante traje de noche, y unas gafas de sol. En la mano, una bolsa. Se para frente a Tyffany's, la famosa joyería. Saca de la bolsa un croissant y un café. Y se los toma tranquilamente, mientras se dedica a mirar los lujosos escaparates.
Desde luego, no es lo mismo leerlo en mi torpe descripción, que verlo en imágenes. Pero puedo asegurar -y seguro que cualquiera que sepa de lo que estoy hablando- no podrá evitar recordar esa mítica escena inicial de Desayuno con Diamantes. Y estoy seguro de que todos nos enamoramos de esa mujer que desayunaba entre lujo y glamour en ese momento. Sí, señoras y señores. Se trataba de la única e inigualable. Se trataba de Audrey Hepburn. Aquella que ha marcado mi cánon de belleza femenino. Aquella que hace que me estremezca con una mirada en primer plano, o con un gesto sutil.
Se trata no solo de una de las mejores actrices de la historia del cine, ni de la cara más bonita que se ha paseado por una pantalla, regalándonos obras como la ya mencionada Desayuno con diamantes (Breakfast at Tyffany's, 1961, Blake Edwards). Se trata además de una persona excepcional, que vivió de una manera ejemplar y que dejó tras de sí un legado a seguir.

Una vida de película:
Nació en Ixelles , comuna de Bruselas, Bélgica, el 4 de mayo de 1929 con el nombre de Edda Kathleen Hepburn-Ruston Van Heemstra, hija del banquero inlés Joseph Hepburn-Ruston y de la aristócrata holandesa Ella van Heemstra. Fue al colegio en Inglaterra y en Holanda hasta que, con motivo del divorcio de sus padres en 1935 se instaló definitivamente con su madre en Holanda. Allí, en Arnhem, sufrió las carencias de la Segunda Guerra Mundial, motivadas por la ocupación alemana. Como curiosidad, Audrey colaboró como correo de la resistencia contra los nazis.

Carrera cinematográfica:

Finalizada la guerra, Hepburn y su madre se trasladaron a Londres, donde tomó clases de ballet y trabajó como modelo. En 1951 comenzó a actuar en películas de cine. Eran papeles de figurante que fue poco a poco incrementando con el paso de los años. En ese periodo apareció también muy brevemente en la famosa película de la Ealing Oro en barras (1951). Decidida a hacerse un hueco en el mundo del cine, Audrey se marchó a Hollywood para probar suerte y la verdad es que no pudo ser más afortunada.
Tras revelarse en Broadway con "Gigi" consiguió su primer papel americano en una película de William Wyler llamada Vacaciones en Roma (1953), una comedia romántica co-protagonizada por un ya estelar Gregory Peck.
El film fue todo un éxito y su aristócrata interpretación premiada con el Oscar a la mejor actriz. No cabe decir de que fue la intérprete femenina revelación del año.
En los años 50, Audrey se presentaba como un tipo de belleza muy alejado de las carnosas féminas estilo Jane Russell, Marilyn Monroe o Jayne Mansfield. Su elegancia y apariencia distinguida fueron muy bien aprovechadas en películas de corte romántico de múltiples variantes como Sabrina (1954) de Billy Wilder, Una cara con ángel (1956) de Stanley Donen o Ariane(1957) también dirigida por el gran Wilder. Fue en esa época en la que conoció a Hubert de Givenchy, un apuesto diseñador que trabajaba para Dior. Givenchy se convirtió en su mejor amigo y el ideólogo del «look Audrey», basándose en la figura elegante y sin estridencias de la actriz.
Otros films de los 50 fueron Guerra y Paz (1956) de King Vidor, Mansiones Verdes (1958) de Mel Ferrer e Historia de una monja (1959) de Fred Zinnemann. Por sus actuaciones en Sabrina e Historia de una monja, Audrey volvería a ser nominada al premio Oscar.
En Mansiones Verdes había sido dirigida por Mel Ferrer, actor, productor y director con el que se había casado años atrás, en 1954.
Con Ferrer compartiría protagonismo en dos ocasiones, Guerra y Paz (1956) y en Encuentro en París (1964), una película firmada por Richard Quine. Cuatro años después de finalizar este trabajo se divorciarían.
Títulos como Los que no perdonan (1960) de John Huston, Desayuno con diamantes (1961) de Blake Edwards -por el que volvió a ser nominada al Oscar-, Charada (1963) de Stanley Donen, My Fair Lady (1964) de George Cukor, Como robar un millón y... (1966) de William Wyler, Dos en la carretera (1967) de Donen o Sola en la oscuridad (1967) -última nominación- de Terence Young mostraban tanto su talento interpretativo como el éxito que seguía manteniendo entre la audiencia cinéfila con productos de calidad que compartía al lado de gente tan importante como Burt Lancaster, Cary Grant, Rex Harrison o unos jóvenes George Peppard y Albert Finney.
Tras su divorcio de Ferrer y su boda con el médico Andrea Dotti en enero de 1969 (se divorciarían en 1982), Audrey Hepburn se retiró del cine para ocuparse de sus dos pequeños hijos durante unos años regresando en 1976 con la crepuscular historia sobre Robin Hood desarrollada en Robin y Marian (1976), un film dirigido por Richard Lester y co-protagonizado por Sean Connery.
Sus posteriores apariciones en la pantalla grande se cuentan con los dedos de una mano siendo su último trabajo el compartido con Steven Spielberg en Always (1989), donde daba vida a un ángel (todos han querido ver en ese papel la evocación que se tenía de ella en muchos ambientes) poco antes de ser nombrada embajadora especial de UNICEF.

Sus obras de caridad:
A través de UNICEF, Hepburn dedicó el resto de su vida a ayudar a los niños necesitados en los países más pobres. En UNICEF todavía recuerdan su dedicación y entrega a la causa, que databa desde el año 1955 y que, poco a poco, fue ganando peso en su vida. Cabe destacar su estatua en la sede UNICEF de Nueva York, inaugurada en el año 2000.
Una de las cosas que más destacaron en sus últimos años fue la dedicación, por encima de su salud, a las causas del sida o la malnutrición de los niños en todo el mundo. En 1993, tres meses antes de su muerte y ya desahuciada, Audrey hizo su último viaje a Somalia, un acto que siempre fue muy agradecido por UNICEF y que dignificaba su ya sencilla y humana forma de entender la vida.

Sus matrimonios:
Hepburn estuvo casada en dos ocasiones, la primera con el actor Mel Ferrer, con el que tuvo un hijo, Sean (que actualmente gestiona la fundación Audrey Hepburn Childhood), y la segunda con Andrea Dotti, un médico italiano trece años menor que ella, que le dio su segundo hijo, Lucca. Audrey confesó que el fracaso de estos dos matrimonios la hizo sufrir mucho. En los últimos años estuvo unida al famoso compositor Claudio Jones.

Una estrella que se apaga:
Falleció de cáncer de colon en su casa de Tolchenaz, en Suiza, el 20 de enero de 1993 a los 63 años de edad. Ese mismo día, Elizabeth Taylor dijo que «Dios estaría contento de tener un ángel como Audrey con él».

En el 2007 se subastó un traje que lució la actriz en la película Desayuno con diamantes por un precio de 467.200 libras (unos 700.500 euros) destinando el dinero a un proyecto, impulsado por el escritor Dominique Lapierre, para dos escuelas en Bengala.




Tras exponer todo esto, sólo me queda dedicar este artículo lógicamente a la tristemente desaparecida actriz, y decir: siempre serás querida, Audrey. Más que ningún otro astro en la pantalla.


"I was born with an enormous need for affection, and a terrible need to give it"

miércoles, 5 de septiembre de 2007

El bueno, el feo y el malo, de Sergio Leone








Este no es un comentario sobre una película cualquiera -de hecho, ninguno de los que escribo lo es-. Ésta es una película especial, porque contiene la que para mí es (y, mucha atención) la que probablemente es la mejor escena jamás rodada en la historia del cine.
Se trata de El Bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto, il cattivo, 1966, Sergio Leone), que es sin duda la cumbre del Spaghetti Western, al igual que Hasta que llegó su hora es el funeral y el toque de campanas a muerto del western en general -ya que posteriormente sólo se vislumbran algunos toques de genialidad, no por ello menos importantes, como Wild Bunch de Pekinpah, o Sin Perdón de Eastwood-.
Y me apetece comentarlo hoy porque hace poco han surgido dos noticias relacionadas con el tema: en el festival de Venecia de este mismo año, se ha homenajeado a uno de mis géneros favoritos: el Spaghetti western. Por fin se ha hecho justicia. Un género por décadas despreciado oficialmente, pero adorado y venerado por cineastas de todo el mundo y de todas las generaciones, es al fin reconocido como una de las cumbres de la historia del cine.

Sí, señores, esto es justicia histórica. Y es que, independientemente de sus largos periodos de crisis, el cine italiano nos ha regalado periodos maravillosos, como son el neorrealismo de postguerra (por ejemplo, Roma, città aperta de Rossellini), algunos peplum memorables (allí se rodaron gran parte de las escenas de obras como Quo Vadis o Ben-Hur), este mismo Spaghetti Western, y, en los 60's y 70's, el género Giallo, que no es otro sino el mítico terror italiano encabezado por directores como Dario Argento.
La segunda noticia es el incendio acaecido en los míticos (y por mi siempre reverenciados como una de las mecas más importantes del cine mundial) estudios de Cinecittà, lugar clave para entender el cine de Leone, así como otras muchas grandes producciones mundiales. Afortunadamente, el incendio no fue demasiado grave, y fue poca la zona afectada por las llamas.

1.-Ficha:

Título original: Il Buono, il brutto, il cattivo
Año: 1966
Duración: 182
Compañía Productora: Produzioni Europee
Associati (PEA)

Distribuidora: Regia Films Artur
o Gonzalez S.A.
Distribuidora DVD: Filmax Home Video

Género: Acción-Suspense

Reparto: Aldo Giuffrè, Claudio Scarchilli,
Clint Eastwood,Eli Wallach, Enzo Petit
o,
John Bartha, Lee Van Cleef,Luigi Pistilli,
Mario Brega, Rada Rassimov,
Dirección: Sergio Leone,
Productor: Alberto Grimaldi,
Guión: Agenore Incrocci, Furio Scarpelli,
Luciano Vincenzoni, Sergio Leone,

Música: Ennio Morricone,
Fotografía: Tonino Delli Colli,
Montaje: Eugenio Alabiso, Nino Baragli,





2.-Tres tiburones
Mientras La muerte tenía un precio pulverizaba records en el Supercinema de Roma, los directivos de la sede londinense de la United Artists fueron invitados a un pase junto con las tres mil personas que abarrotaban el recinto. El objetivo del productor Alberto Grimaldi, el guionista Luciano Vincenzoni y de Sergio Leone era vender los derechos de la distribución del film en el extranjero. Finalmente, llegaron a un acuerdo por el que obtuvieron un millón de dólares. En la misma reunión, al ser cuestionado acerca del próximo proyecto del trío, Vincenzoni improvisó: "Es un film acerca de tres bribones en busca de un tesoro en la época de la guerra civil americana". Los ejecutivos de la United Artists preguntaron qué presupuesto necesitaban para el film. Dándose la vuelta, Vincenzoni le preguntó a Grimaldi en italiano y éste contestó "Ochocientos mil dólares". Vincenzoni, en inglés, dijo a los ejecutivos de la United Artists "un millón de dólares", cifra que fue aceptada. El bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto, il cattivo) terminó costando un millón trescientos mil dólares, aunque su distribución internacional ya casi garantizaba dicha cantidad.
Tras el fallido intento de colaboración con el dúo de guionistas conocido como Age-Scarpelli, la historia, que fue escrita por Vincenzoni y Leone (de nuevo con la participación no acreditada de Sergio Donati), estaba protagonizada por tres hombres.

3-Sinopsis:

El bueno (Clint Eastwood) alias "Blondy" ("Rubio"), el malo (Lee Van Cleef) alias "Angel Eyes" ("Ojos de ángel; Sentencia") y el feo (Elli Wallach) alias "Tuco", y cuyo nombre completo es Tuco Benedicto Pacífico Juan María Ramírez, son respectivamente, un cazarecompensas, un asesino a sueldo que luego deviene en sargento inescrupuloso del norte, y un ladrón. Se ubican en un ambiente del viejo oeste durante la Guerra de Secesión Norteamericana.

El bueno y el feo tienen un trato. El bueno vende al feo para cobrar la recompensa, le rescata de la horca en el último momento, y se reparten el botín. Pero el bueno decide acabar con el negocio, pero falla en su intento, y el Feo se venga de él.

El feo lleva a El bueno a morir al desierto, así se cruzan con una diligencia del Ejército del Sur en la cual un soldado moribundo entrega la localización de un tesoro en monedas de oro (200.000 dólares enterrados en una tumba) a cambio de agua, pero resulta que muere sin que ninguno de los dos tenga la información completa: a El feo le dijo el nombre del cementerio Sad Hill (Loma Triste), y a El bueno le dijo el nombre sobre la cruz en una tumba: Arch Stanton.

Así -aunque peleados y cada uno con la mitad del secreto- se vuelven a asociar y emprenden rumbo al cementerio por la esperanza del oro. En el camino, suceden varias complicaciones, incluido un encuentro con el Malo del que parece logran escapar, y finalmente un duelo en triángulo en el círculo central empredrado del cementerio -sin precedentes hasta entonces en la historia del género- y que culminará entre el frenesí y la delirante música de Ennio Morricone con el tema llamado El Trío.

3.-El Reparto:

Para los tres personajes principales, Sergio Leone decidió mantenerse fiel a las anteriores partes de la Trilogía del Dólar.

-EL BUENO:

Para El Bueno, eligió a Clint Eastwood, con quien trabajó por primera vez en Por un puñado de dólares (Pugno di dollari, 1963, Sergio Leone), cuando el actor sólo había hecho algunos trabajos para la televisión norteamericana. Se trataba también de la película que supuso el bombazo en taquilla, e inició el Spaghetti Western. Posteriormente, volvieron a colaborar en la segunda parte de la trilogía, La muerte tenía un precio( Per qualche dollaro in più, 1965, Sergio Leone), en la que volvía a hacer de bueno (aunque el argumento no tenga relación entre las diferentes partes de la trilogía).
Finalmente, Eastwood fue también contratado para hacer de bueno en esta tercera parte de la trilogía. Posteriormente, Eastwood se convirtió en uno de los más importantes e influyentes actores de Hoollywood, con films tan destacados como El desafío de las águilas (Where Eagles Dare, 1968, Brian G. Hutton), o la saga de Harry el Sucio -Harry el sucio (Dirty Harry, 1971, Don Siegel), Harry el fuerte (Magnum Force, 1973, Ted Post), Harry el ejecutor (The enforcer, 1976, James Fargo), Impacto súbito (Sudden Impact, 1983, Clint Eastwood) y La lista negra (In the Death Pool, 1988, Buddy Van Horn)-, por citar sólo dos de sus papeles más importantes.
Eastwood también se ha atrevido con la dirección, rodando películas como el jinete pálido (Pale Rider, 1985), El Sargento de hierro (Heartbreak Ridge, 1986), Sin perdón(Unforgiven, 1992), los puentes de Madison (The bridges of Madison County, 1995), Mystic River (2003, nominado a mejor director en los Oscar), o Million Dollar Baby (2004, con la que consiguió los Oscars a Mejor Director y Mejor película, entre otros premios y nominaciones).

-EL FEO

Para el papel de El Feo, Leone contrató a Elli Wallach. Dentro de su vasta carrera, que abarca más de medio siglo vigente como actor, se pueden mencionar las películas Los Siete Magníficos (The Magnificent Seven, 1960, John Sturges), Lord Jim (1965, Richard Brooks), El Padrino III (The Godfather, Part III, 1990, Francis Ford Coppola) y Mystic River (2003, Clint Eastwood). Su personaje más recordado es el granuja Tucco, el Feo de El bueno, el feo y el malo (Il Buono, il Brutto, il Cattivo, 1966, Sergio Leone).

-EL MALO

Lee Van Cleef se convirtió en actor después de servir en el ejército durante la II Guerra MUndial, y de una breve carrera como contable. Su primera película fue un clásico del oeste, Solo ante el peligro (High Noon, 1962, Fred Zinnermann), en la cual interpretaba a un villano. Aparece también como villano en el clásico de John Ford, El hombre que mató a Liberty Valance (The Man Who Shot Liberty Valance, 1962, John Ford), pero a mediados de los años 60, estaba retirado de la actuación y se ganaba la vida como pintor de poca monta, hasta que un día Sergio Leone lo rescató para sus Spaghetti Westerns. Inicialmente reacio a abandonar Nueva York para trasladarse a Europa a rodar, puesto que por aquel entonces tenía que terminar de entregar un cuadro por valor de 30 dólares, sus reticencias rápidamente se disiparon al oír que su sueldo s ería de 50.000 dólares.
Tras la Trilogía del dolar (apareción e la segunda y la tercera entrega), protagonizó diversos westerns y películas de acción, en los que casi siempre interpretaba un papel similar al que interpretó en La Trilogía del Dólar.
Lee Van Cleef murió en 1989 y fue enterrado en Los Ángeles.

4.-El Compositor
La música de la película corrió a cargo del compositor habitual de Leone, el genial Ennio Morricone, probablemente el mejor compositor de la historia del cine.
Morricone compone y conduce varias piezas míticas: la famosísima pieza con la que comienza el film, inspirado por el aullido de un coyote mientras los geniales títulos de cr édito te transportan a otra época; la tensa y bellísima pieza de guitarra Il Tramonto, que ilustra algunas de las escenas de El Malo, y que Quentin Tarantino recuperó para su Kill Bill; o la colosal y épica l'estasi dell'oro, que da ritmo a la carrera de Tucco por el cementerio...
Probablemente, una de las mejores bandas sonoras que se han compuesto, gracias de nuevo al eterno Maestro y Genio que es Morricone.


5.-IL TRIELLO


Me apetece hablar especialmente de la escena final de la película. Como ya he mencionado, para mi es probablemente la mejor escena de la historia del cine. Aquella en que la unión de ritmo narrativo irreal, pulso tenso, planos, música, miradas, interpretaciones... TODO encaja a la perfección, alcanzando el nivel más alto de la historia.

Los veinte minutos finales son lo mejor de El bueno, el feo y el malo. Una vez superado el obstáculo del puente, Tuco es el primero en llegar al cementerio. Rubio le ha dicho que la tumba en la que está el dinero lleva el nombre de Arch Stanton. Así pues, Leone filma l'estasi dell'oro (como llama acertadamente Morricone al tema musical de esta secuencia, con la voz de la soprano Edda Dell'Orso) con teleobjetivos que siguen desde la distancia los movimientos circulares de Tuco en b úsqueda de la tumba.

Hasta ese momento, este manierismo en la puesta en escena es lo más arriesgado que había hecho el director. Cuando encuentra la tumba, la abre y resulta que allí no hay dinero. Evidentemente, Rubio no iba a fiarse de él y el dinero se halla en otra. Justo en ese momento aparece Sentencia y el triello (que no duello) se hace inevitable. Rubio escribe el nombre de la tumba verdadera en un trozo de piedra y el ganador se quedará con el dinero.

Esta última parte del film fue también la más trabajada por Ennio Morricone, que llevó su colaboración con Leone hasta el extremo de componer los temas correspondientes antes que las secuencias fueran filmadas. De esta manera, los planos fueron rodados y montados con dicho acompañamiento musical en mente y no al revés, como es habitual.
Para el nuevo enfrentamiento en la arena Morricone escribió una variación del degüello de La muerte tenía un precio, incluyendo la guitarra y la trompeta de mariachi. Al igual que en el anterior film, la resolución tiene lugar tras un interminable intercambio de miradas y
amagos de coger el revólver. Aún sin la frase de "Indio" "cuando acabe la música, coge el revólver y dispara si puedes", los personajes esperan al fin de la misma para disparar. Lógicamente gana "El bueno" al alcanzar a "El malo".

El carácter absurdo de Tuco queda puesto de manifiesto una vez más; Rubio le había descargado la pistola la noche anterior y éste no se había enterado. "El Feo" ha quedado relegado a la segunda categoría: "los que cavan".
Rubio, finalmente, no había escrito nada en la piedra: "Carson únicamente dijo la tumba sin nombre junto a la de Stanton". Aunque hace creer a Tuco que lo va a matar (colgándole de una soga), finalmente lo libera y deja que se lleve la mitad del dinero.


[Quiero agradecer a www.zonadvd.com por el estupendo análisis que hacen de esta película, y de su escena final. Ha sido de gran utilidad.]

martes, 4 de septiembre de 2007

Jaime Infante, Guardián entre el centeno

Pues sí, en estos días me siento como el protagonista de mi novela favorita: El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger (también aprovecho para decir que actualmente mi mayor ambición es llegar algún dñia a adaptar esta novela al cine y ganar por ello la Palm D'Or de Cannes, ahí es ná).
Y es así porque Holden Caulfield -el personaje- siempre se queja de ser incapaz de sentir "que está dejando un lugar". Le pasa cuando le echan del instituto, igual que le había pasado tantas veces antes.
A mí me está pasando más o menos lo mismo.
Al principio del verano, me daba lástima pensar en el instituto. Es como todo. Estás deseando que una etapa pase. Y cuando se ha acabado, te da un poco de lástima.
Pensaba por ejemplo en los compañeros -bueno, más que nada en las compañeras- que quedaban detrás. Y me daba lástima pensar "jo, me gustaba hablar de cine con esta persona" o "jo, con lo contagiosa y graciosa que era la risa de esta compañera y ya no la voy a oir más" -al igual que el de Holden, mi vocabulario está lleno de "jo"-.
Pero hace unos días pasé por delante de mi viejo instituto -no puedo evitarlo, vivo muy cerca, y está en medio de una de mis rutas principales: casa-tienda de cómics-. Estaba caminando tan tranquilo, con Happy Together sonando en los auriculares, cuando me dí cuenta de que tenía una sonrisa de bobo en la cara.
Paré. Me quedé mirando el gimnasio donde tantos malos ratos había pasado -odiaba la Educación Física-, la ventana del aula de Francés -una de las pocas clases que me gustaban-, el parking, donde pude reconocer algunos de los coches de mis antiguos profesores. Y no me dio ninguna lástima. Estaba feliz, en plan "que te jodan, I.E.S. El Pinar, tú a mi ya no me alcanzas".
Seguí caminando, y la sensación era la misma que cuando uno acaba un libro y lo cierra. Se queda un rato sentado -o tumbado, o como quiera que lea-, aún impregnado en las últimas palabras de la obra, y lo paladea. O como cuando uno sale del cine, de ver una película que le ha maravillado, y a pesar de querer comentar la película, se queda en silencio, maravillado por lo que acaba de presenciar. Me sentí como Robert De Niro después de violar a Deborah en Érase una vez en América. Contradictoriamente genial.
Ahora, si miro hacia delante, me acuerdo de algo que me dijo alguien muy querido: "los años de instituto están bien, pero siempre son frustrantes. Los de universidad son realmente buenos". Espero que así sea.
Hablando sobre sueños y futuro, siempre acabo cayendo en una serie de tópicos. El hecho de querer llegar a ser un gran director, reconocido y admirado; querer tener casas en ciudades como París, Amsterdam, Hong Kong o Tokio; y uno de lo más raro. El extraño deseo de que algún día ese instituto deje de llamarse I.E.S. El Pinar y pase a llamarse I.E.S. Jaime Infante. Porque si llego a hacer todo lo que quiero llegar a hacer, habré sido la persona más importante que haya pasado por él. Un lugar al que he llegado a odiar tanto, cobrará una nueva y brillante dignidad simplemente porque yo suspendía las matemáticas en él, o porque gané el premio de relato corto el último año, o porque nunca me dio la gana jugar al fútbol en E.F.
Y ese día yo miraré atrás y volveré a decir "que te jodan, I.E.S. Jaime Infante".

Happy Together, de Wong Kar-Wai

Como ya habréis visto, me estoy desviando un poco de comentar "exclusivamente" las películas de mi top 25. Pero es que sería una tarea demasiado árdua y cansina. Así que intercalo con los comentarios de otras películas que me encantan.
Dado que el top 25 no es algo hermético, en cualquier momento podré hacer modificaciones. E incluso películas que ya hayan sido comentadas pueden quedar fuera de él.
La película que quiero cometar hoy es una de esas que seguramente acabaré incluyendo en tan magna lista.
Como últimamente ya he explicado, Wong Kar-Wai es uno de mis directores favoritos, y me apetece comentar varias de sus películas. Hoy toca el turno -aunque no llevo ningún orden específico- a Happy Together (春光乍泄, Wong Kar-Wai, 1997), película con la que su realizador consiguió el premio al mejor director en el festival de Cannes. Está basada en la novela The Buenos Aires Affair, de Manuel Puig.

Ficha:
TITULO ORIGINAL Happy Together
(Cheun gwong tsa sit)
AÑO
1997
DURACIÓN
92 min.
PAÍS Hong Kong
DIRECTOR Wong Kar-Wai
GUIÓN Wong Kar-Wai
MÚSICA Danny Chung
FOTOGRAFÍA Christopher Doyle
REPARTO Leslie Cheung,
Tony Leung (AKA Tony Leung Chiu Wai),
Chang Chen
PRODUCTORA Block 2 Pictures /
Jet Tone Production /
Prénom H Co. /
Seowoo Film Company


Argumento:

Ho Po-Wing (Leslie Cheung) y Lai Yiu-fai (Tony Leung) son una pareja gay de Hong Kong que mantienen una relación tormentosa. Deciden viajar a la Argentina para visitar las Cataratas del Iguazú. Una vez en la Argentina, tras otra de sus frecuentes discusiones, deciden separarse. Lai Yiu-fai comienza a trabajar de portero de una sala nocturna. Al poco tiempo Ho Po-wing reaparece, después de recibir una dura paliza. Todo parece indicar que se ha dedicado a la prostitución. Yiu-fai lo acoge en su minúscula habitación alquilada e intentan retomar una relación que pronto se verá de nuevo alterada por constantes suspicacias, celos y peleas, incluso violentas. Mientras tanto, Yiu-fai, que ahora trabaja de cocinero en un restaurante oriental, ha trabado amistad con Chang, un joven compañero de trabajo taiwanés, de Taipei. Chang, heterosexual, pero cuyos sentimientos hacia Yiu-fai parecen ambiguos, es una persona amable y cariñosa, que supone para Yiu-fai un contrapunto a su cada vez más difícil relación con Po-wing. Tras una gran discusión, a causa de la negativa de Yiu-fai a devolver a Po-wing su pasaporte, estos vuelven a separarse. Poco tiempo después de que Chang decida volver a Taiwán con su familia, Yiu-fai viajará finalmente a las Cataratas del Iguazú, solo. Regresará a Hong Kong, después de hacer escala en Taipei, donde intentará encontrar a Chang en el puesto de comidas de la familia de este, aunque él estaba allí, tras lo cual volverá a su ciudad.

Reparto:
Se trata de una película que cuenta con dos personajes principales claros: Ho-Po Wing (Leslie Cheung) y Lai Yiu-fai (Tony Leung).
Leslie Cheung realiza un trabajo muy bueno dotando a su personaje de una ambigüedad tremenda, ya que a pesar de que el espectador ve que se comporta realmente mal, que hace daño a Lai Yiu-Fai, éste no puede dejar de quererle. Se expresa así, a la perfección, cómo muchas veces el amor ciega los graves defectos de la otra persona. En 1987 había aparecido en A better tomorrow, del también hongkonés John Woo. También apareció en filmes como Adiós a mi concubina, de Cheng Kaige, o en Ashes of time, también de Kar- Wai. Alcanzó algo de éxito en los escenarios como cantante de música pop. Se suicidó el 1 de abril de 20303.

¿Qué decir del siempre brillante Tony Leung? Es uno de mis actores orientales favoritos (por no decir "el favorito"), y en esta película borda su papel. Refleja de manera insuperable la fragilidad y las contradicciones de su personaje, que vive atormentado en un eterno ni contigo ni sin tí, ya que a pesar del tremendo daño que Ho-Po Wing le hace, no puede dejar de quererle en cuanto éste le pregunta si "Comienzan de nuevo". Leung había aparecido en Hard Boiled, de John Woo, y es un habitual en el cine de Kar-Wai. Desde su cameo final en Days of being Wild, hasta su último (hasta la fecha) papel en 2046, pasando por películas como Chungking Express, o In the mood for love. Leung ha sido llamado "la respuesta china a Clark Gable".

Música:
Se trata de una película situada en Argentina, así que no podía faltar el tango. Un tango que refleja perfectamente ese tira y afloja que llevan los dos protagonistas, y esos breves momentos de bienestar y de felicidad.
Pero además, se unen a las piezas de tango dos composiciones que encajan a la perfección en el film.
Cucurrucucú Paloma, de Catano Velosso. Una canción que da ambiente a las imágenes de las Cataratas de Iguazú que Kar-Wai retrata con tanta maestría.
Y la canción que da título a la película: Happy Together, de The Turtles, pero en esta ocasión en versión de Frank Zappa. Este tema pone punto y final a la película, acompañado de unas bellísimas escenas a cámara rápida.